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Friday, 30 July 2010
Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato
Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato

 

Director Invitado.
Enrique Bátiz. 

 

 

 

Cuando el impar virtuoso del teclado Franz Liszt, en 1848, concentró su carrera en la dirección de orquesta, señaló el camino que muchos seguirían más tarde, pero además dio curso a otra cualidad suya, poco antes elogiada por Berlioz después de escucharle en Bonn la Quinta Sinfonía de Beethoven.

De entonces para acá, no han sido pocos los que dejan el piano para subir al podium y los que dividen felizmente ambos quehaceres. Nos dice la historia que Brahms, mucho más compositor que intérprete, era no obstante un gran pianista que mostraba con frecuencia su talento frente a la orquesta, aunque en ninguna de esas actividades pusiera especial interés.

En el siglo pasado, y en estos albores del siglo XXI, ha habido un poco de todo.

El suizo Edwin Fischer combinó bien batuta y piano hasta el fin de sus días. El valenciano José Iturbi, cuyas excelentes facultades no fueron deterioradas del todo por Hollywood, resultó tan eficaz dirigiendo una Primera Sinfonía de Brahms desde el podium, como un Tercer Concierto de Beethoven desde el instrumento.

Más cerca de las generaciones de hoy, el húngaro Géza Anda, el ruso Vladimir Ashkenazy y el argentino Daniel Barenboim, son distinguidos exponentes de una capacidad similar para mover los dedos sobre las teclas y para obtener lo mejor de las huestes orquestales, sin desperdiciar nunca la ocasión de hacer ambas cosas simultáneamente, a la usanza mozartiana.

Enrique Bátiz dejó el camino de una brillante carrera pianística, para desplegar alas no solamente como director, sino también como impulsor de conjuntos musicales.

Pocos jefes de orquesta en el mundo, y tal vez ninguno en nuestro país puede mostrar la nutrida y sorprendente lista de sinfónicas dirigidas y grabaciones hechas, que Bátiz muestra.

Pero como en materia de arte los criterios cualitativos privan sobre los cuantitativos, lo que importa es decir que el actual titular de la Orquesta Sinfónica del Estado de México goza un prestigio internacional sólidamente cimentado en la solvencia de sus presentaciones públicas y en el alto nivel de sus muchos discos.

No es fácil que en un estudio de discografía comparada, hecho por la BBC de Londres, se coloque en segundo lugar de preferencias una interpretación de la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky con Enrique Bátiz al frente de la Royal Philharmonic Orchestra, a la zaga únicamente de otra del casi legendario Lovro von Matacic y en competencia ventajosa con las de Mravinsy, Karajan, Klemperer y Rostropovich.

Enrique Bátiz inició su jornada en 1950, bajo la guía de Francisco Agea, maestro de muchos pianistas mexicanos que después han brillado en el concertismo.

Posteriormente recibió enseñanzas de Gyorgy Sandor, Adele Marcus y Alexander Uninsky, para desembocar en estudios de postgrado hechos en Varsovia con Zbignieg Drzewieckie. Fue becario de la Southern Methodist University de Dallas, recibió la beca “Van Cliburn” de la Juilliard School of Music de Nueva York y también obtuvo la beca “Carlos Trouyet”y la que otorga la Unión Panamericana de Washington.

Ganó el Premio de las Juventudes Musicales de México para jóvenes Artistas y el segundo lugar en el Concurso Homenaje a Chopin del Canal 11 de Televisión.

Semifinalista en el Concurso Internacional de Piano “Marguerite Long” de Paris; participó además en los concursos internacionales “Reina Isabel” de Bruselas, “Federico Chopin” de Varsovia y “Ferruccio Busoni” de Bolzano, donde obtuvo el quinto lugar.

Sin desviarse un ápice de su oficio de director, en el que día con día incrementa su amplísimo repertorio, Bátiz vuelve a su primer amor del piano, con las alforjas llenas por la experiencia musical que representa el trato cotidiano, a lo largo de más de tres décadas, con la creación musical contenida en las partituras de los grandes compositores del mundo y de México y con la magia de su recreación sonora en la policromía asombrosa de la paleta orquestal.

Con el fervor de una pasión antigua, la lucidez de un criterio madura y el ímpetu juvenil de quien vuelve a los afectos adolescentes, el director Enrique Bátiz ha decidido recuperar al pianista Enrique Bátiz.

Recuperación que entraña el reto de un ejercicio arduo como el virtuosismo instrumental, pero al mismo tiempo es reconquista que reúne parcelas en el infinito territorio del arte musical.

FERNANDO DIEZ DE URDANIVIA


 

 
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